sábado, abril 29, 2017

EL ACTIVISMO GLBTI EN ECUADOR PROVOCA INDIGNACIÓN


Mi paso por el activismo LGBTI en Ecuador ha atravesado muchos infortunios. Entre los principales, caer en la cuenta de que en su mayoría es un activismo "ONGista" que en mayor o menor medida vive de los cooperantes internacionales y nacionales, haciendo acciones que poco o nada tienen que ver con procesos de incidencia para la consecución de derechos civiles. Las ONGs más fuertes han vivido de la problemática del VIH-Sida, relegada exclusivamente a los hombres que tienen sexo con hombres, invisibilizando la vulneración de derechos que vivimos quienes componemos las demás letras de la sigla.

El VIH se convirtió en el mejor pretexto para captar fondos, que más que ayudar en la disminución de la problemática, ha servido para mantener los estándares de vida de quienes supieron aprovechar el boom de las ONGs. Estas tampoco tienen la sana práctica de rendir cuentas sobre sus actividades y presupuestos a nadie, solo a sus cooperantes para "justificar" los fondos percibidos. El público meta "beneficiado" de su trabajo jamás se entera cuánto reciben, en qué gastan la plata y si realmente ha afectado positivamente su labor en el bienestar de las poblaciones LGBTI; y lo que está demás decir, nadie sabe cuánto mismo ganan quienes fungen como presidentes, directores y/o coordinadores de estas ONGs.

Es fácil entender porqué estas ONGs no luchan por derechos civiles ni se pelean contra el Estado y/o el Gobierno para demandar estos derechos, porque hacerlo implicaría enfrentarse contra Goliat y bancarse una pelea que no están dispuestos a enfrentar por su cobardía y, en muchos casos, su comodidad. Su política es mantener perfil bajo si acaso se atrevieron a meterse por un momento en la lucha política de un derecho como, por ejemplo, el reconocimiento de las familias homoparentales, matrimonio igualitario o el género en la cédula; y esperan con un mutis impresionante a que su silencio se vea recompensado luego con el reconocimiento de ese derecho, esperanzados en que sus pocos, y ciertamente malos, contactos políticos les ayuden a mover los temas en el Legislativo o Judicial donde están sus demandas arrinconadas y polvorientas.

El activismo LGBTI de Ecuador inspira lástima e indignación. Pocas son las voces que han salido sin contar con cooperantes ni estructuras a jugarse todo por sus derechos. Voces como las de Diana Maldonado y su pareja Maribel Serrano que exigieron a viva voz que el Registro Civil reconozca su unión de hecho como estado civil en la cédula. Voces como Silvia Buendía, que sin ser lesbiana, ha cogido esta causa como la suya y pelea las luchas LGBTI, en particular la del matrimonio igualitario.
Voces como la de Luis Garcés que perseveró hasta lograr traer a Ecuador la iniciativa "Todo Mejora", destinada a darle una luz a adolescentes y jóvenes LGBTI que sufren bullying por su condición sexo-genérica; y por qué no decirlo, la voz de mi pareja, Gaby Correa, y la mía que hemos puesto nuestro rostro, nuestro amor y nuestra propia vida juntas para que poco a poco la sociedad abra su mente y entienda porqué el que dos personas del mismo sexo no accedan al matrimonio es simplemente discriminatorio; y porqué la unión de hecho entre homosexuales debe reconocer a los niños/as nacidos en dichas uniones como hijos/as de la pareja.

Además quienes me conocen o siguen mis actividades, saben que mis luchas van más allá de los derechos LGBTI, me movilizan todos los derechos humanos, y me rebelo ante este régimen nefasto y opresor.

No quiero dejar de reconocer a muchas voces anónimas LGBTI que desde sus trincheras exigen derechos, sin tener otra finalidad que no sea esa; y no quiero dejar de mostrar mi desprecio por aquellas otras "voces" que han hecho del activismo LGBTI su plataforma política y espacio personal de "figureteo", a través del lamebotismo al régimen de turno, para alcanzar miserables espacios de poder desde donde se dedican a "joder" a quienes sí luchamos por convicción por nuestros derechos y contra la tiranía.

Debo confesar que la redacción de este texto nació al ver el spot de convocatoria a la marcha y actividades del Orgullo LGBTI 2015 en Quito, pero no podía empezar por esto sin contextualizar lo anterior, porque lo anterior se liga directamente al spot en mención y a la lógica del Orgullo LGBTI.

Les pido malgastar 30 segundos de su tiempo para ver el spot. Gracias por verlo.



Pido disculpas por haberles hecho ver esta producción pobre en concepto y en mensaje, pero era necesario para explicar mi indignación. ¿Qué vieron en el spot? Tacones, una corbata, una bota, labiales, bocas pintadas, siluetas en baile, agarrada de manos, beso, rostros, una mujer alada y, como una imagen casi imperceptible, una "familia diversa" de dos hombres con una niña. El hashtag a usarse #SoyNoveleroSoyLGBTI, el cual deviene de un intento penoso de vincular la palabra novelería a la lucha por los derechos LGBTI, casi o más penoso que el intento de Marcela Aguiñaga de vincular la palabra "sumisa" con la lucha y reivindicación de los derechos de las mujeres. Vimos lo mal que quedó Marcela en redes sociales por esta "inteligentísima" relación, y cómo la ciudadanía tuitera la arrastró por todo el ciberespacio. Pues al parecer, quienes organizan el Orgullo LGBTI en Quito no siguen la dinámica del tuiter y tampoco tienen conocimiento de los aconteceres políticos y de las reacciones de la gente. Nadie relacionaría novelería con el tema de la defensa de los derechos.

Debería quizá felicitar a los realizadores del spot por su sinceridad. Ya que muestran con total desempacho lo que es la mayor parte del activismo LGBTI en Ecuador y que se plasma en la organización del Orgullo. Un activismo encargado de mostrarnos como maripositas emplumadas, semidesnudas, entacadas, pintarrajeadas, farristas a morir, orgullosas de representar el estereotipo que nos encasilla y caricaturiza.

Un activismo que se conforma con que ya no seamos delincuentes, y que cada gay tenga la provisión de condones respectiva para no ir transmitiendo el VIH por doquier. Un activismo que considera que la unión de hecho es el clímax de la consecución de derechos en Ecuador; una unión de hecho que solo protege la sociedad de bienes de la pareja pero no a las hijas e hijos nacidos en dicha unión, desconociendo por completo a las familias homoparentales. Un activismo que ya no reclama en alta voz el género en la cédula para las personas trans, porque es un tema que eriza los pocos pelos en la cabeza de Correa.

Un activismo que intenta deslegitimar la lucha por el matrimonio igualitario porque lo considera clasista y nada relevante para la tan aclamada "igualdad de derechos" y porque, sobre todo, exaspera los nervios ya trastocados del Presidente de un Estado laico, que se va al Vaticano a jurarle al Papa que en Ecuador el matrimonio es la unión de hombre y mujer, y que la familia ecuatoriana es la familia tradicional conformada por mamá, papá e hijos. Y, ¿quién quiere despertar la furia de Goliat?

Imagino, en mis delirios activistas, una marcha del Orgullo LGBTI, en donde las y los marchantes no se muestren orgullosos de reconfirmar el estereotipo que la sociedad les ha impuesto, sino una marcha digna, valiente, orgullosa de alzar la voz y reclamar los derechos que constantemente nos niegan este Gobierno y el Estado. Imagino acompañar carros alegóricos no llenos de personas semidesnudas y exuberantes bailando reggaeton o electrónica, sino con grandes escenarios elaborados graficando los derechos por los cuales peleamos: un carro alegórico sobre el matrimonio igualitario; otro sobre las familias diversas; otro de adopción; otro del género en la cédula; otro de trabajo sin discriminación; otro de salud especializada LGBTI; otro de educación inclusiva; otro contra el Plan Familia; otro... y la gente montada en cada carro gritando consignas relacionadas con ese derecho particular que visibiliza su carro; y que el hashtag a usarse sea #DerechosLGBTI.

El activismo LGBTI en este país debería mostrarse orgulloso de exigir derechos, igualdad en el acceso a todos los derechos; orgulloso de exigir que seamos ciudadanos de primera y no de segunda o de tercera como ahora lo somos; y no mostrarnos como noveleros/as. Aún le queda tanto que madurar al activismo LGBTI en Ecuador. Por eso este año no salgo a la marcha del Orgullo LGBTI en Quito, porque al menos yo no soy novelera.

NO SOY NOVELERA
por Pamela Troya


Fuente: http://www.planv.com.ec/ideas/ideas/yo-no-soy-novelera

1 comentario:

  1. Durante diez años varias formas han debilitado a los grupos activistas. Desde el inicio, los intereses personales o de un grupo han orientado a líderes de cada colectivo a buscar su propio sustento, intereses políticos; además, del desconocimiento de la historia LGBTI del país.

    Francisco Galindo
    Activismo LGBTI en Ecuador

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